
El carácter obsesivo de Ramón y Cajal le convirtió en uno de los científicos más importantes de la historia. La psiquiatría actual, tal vez, lo habría medicado.
La psiquiatría y psicología se han empeñado en definir como trastornos todo aquel comportamiento que no encaje en lo plenamente normal. Pero, ¿qué es normal? Cada vez estoy más convencido que, según la medicina actual, si un individuo está sano es que no se ha buscado lo suficiente.
La normalidad se define por una línea imaginaria en la que, creo, nadie encaja. Pequeñas desviaciones sobre esa línea determinan las distintas personalidades que dan color a la sociedad: Un ligera desviación hacia la paranoia puede definir un carácter introvertido; Una ligera desviación hacia la depresión puede definir un simple pesimista; Una ligera desviación hacia la esquizofrenia, un imaginativo; Hacia la psicopatía, un ambicioso; etc.
¿Pero quien decide la magnitud de la desviación? ¿Cual es el límite un temperamento y un desorden psicológico?
En psiquiatría, al igual que en otras ramas de la medicina (como la cardiología, obsesionada con el colesterol) se empeñan en acortar los límites. ¿Tal vez como un intento para justificar su especialidad? ¿Tal vez para “ganar clientela”? Por supuesto, no se puede achacar la responsabilidad a ningún médico en particular, pero sí al sistema y, en especial, al negocio de la salud y las farmacéuticas. Los fármacos para tratar desórdenes mentales infantiles mueven millones de euros, sobretodo en España que es donde más se recetan.
Tal vez deberíamos dejar de etiquetar y dar más libertad a que los niños crezcan, maduren y elijan su camino. El niño con ansias de jugar y descubrir el mundo no es hiperactivo, es solo un niño. La medicina debería ser más racional y objetiva con los límites entre ser distinto y ser enfermo. Al madurar pueden aprender a canalizar sus tendencias y explorar sus talentos. Un niño triste puede convertirse en un adulto creativo, un introvertido (algunos dirían antisociales) en un filósofo, un obsesivo en un emprendedor, etc.
Por supuesto que las tendencias, en caso de descontrolarse, pueden derivar en desórdenes que requieran atención profesional. Por ello, los padres deben estar atentos a la evolución de sus hijos. Pero nunca etiquetarlos. Encajar todos en la línea gris de lo normal. ¡Qué mundo tan aburrido!
Fuente: ETCblog
Etiquetas Psiquiátricas de Trastornos Inventados
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